Enero 27 de 2020

Para establecerse en algo y darse cuenta de su importancia, es necesario pasar por una crisis. Si todas las personas en el mundo estuvieran sanas, no existiría la ciencia médica. La enfermedad, la muerte y el sufrimiento han dado lugar a la investigación y al avance de la ciencia médica. Si cambiamos una idea, es porque la idea anterior se hizo trizas. Si hay un cambio en el pensamiento, es porque el pensamiento anterior ya no tiene ningún propósito. Las crisis actúan como un catalizador para el cambio.

El primer capítulo del Bhagavad Gita es sobre vishad yoga, el yoga del sufrimiento. Es un concepto hermoso. Si una persona está sufriendo y es capaz de darse un direccionamiento a sí mismo, eso se convierte en yoga. Si no logra direccionarse e ir más allá del dolor, entonces esto se convierte en un desequilibrio. Es como lograr el equilibrio en el estrés. El estrés negativo es distrés, el estrés positivo es eustrés y el punto de equilibrio es cero estrés. Si la cuerda de un arco es demasiado floja, no hay tensión, no hay fuerza, y el arco se vuelve inútil. Si la cuerda está demasiado tensa, puede romperse porque se crea distrés. Tiene que existir la tensión adecuada.

Del mismo modo, el dolor no es malo o negativo en sí mismo; es el manejo del dolor lo que es importante. Si somos capaces de darle una dirección a nuestros pensamientos y energías, el dolor se convierte en un factor para la creación de un cambio positivo, generando mayores logros en la vida. El mismo dolor, cuando se maneja mal, se convierte en enfermedad o desequilibrio, el cual controla el comportamiento del cuerpo, el cerebro y la mente, causando la sudoración, la boca seca, el orinar con frecuencia, el insomnio y la depresión nerviosa.

Todo el mundo debería tener la experiencia del dolor positivo, no el dolor en la forma en que nosotros lo entendemos normalmente, sino en su sentido positivo que produce el deseo de un cambio, siendo consientes de  la futilidad de la condición en la que hemos estado viviendo. Una vez que se llega a esa etapa, el proceso de purificación comienza. Le pasó a Sri Rama, a Arjuna, a Buda, a Cristo, al profeta Mahoma; les ha sucedido a muchas personas que se han convertido en las luminarias del mundo.

Sabiendo muy bien que no podemos manejarlo, no nos sometemos a nosotros mismos  al dolor. Nuestro esfuerzo intenso, tapasya, no es dolor, es placer. Meditamos porque hay placer en la meditación. Nos gusta practicar mantra porque hay placer en el mantra. Si no obtuviéramos placer de la meditación, ni siquiera la practicaríamos. Si no obtenemos placer de algo, no nos sentimos atraídos por eso. Pero aquí no estamos hablando de esas cosas que nos dan placer y por lo tanto se convierten en nuestra sadhana, sino de aquellas cosas que nos dan la oportunidad de cambiar un patrón existente que ha sido la causa de nuestro condicionamiento anterior. El dolor es el catalizador para la transformación interior. Como buscadores, como aspirantes, tenemos que enfrentar este dolor dentro de nosotros mismos y darnos una dirección.


Extracto tomado de Satsang at Ganga Darshan, Swami Niranjanananda Saraswati, Publicado en Yoga Magazine http://www.yogamag.net/archives/2005/cmar05/satsang.shtm

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