Mayo 27 de 2020

Usted ha mencionado que las prácticas del Satyananda Yoga conducen al equilibrio de las emociones. Después de muchos años de práctica yóguica, algunos de nosotros todavía tenemos dificultades para equilibrarlas. ¿Qué prácticas debemos hacer o cuál debe ser nuestro enfoque?

En primer lugar, debemos entender algunas cosas: nuestra cabeza, la inteligencia o bhudhi, dirigen la mayoría de nuestras acciones, en tanto que las emociones, o bhavana, las expresiones del corazón, no son realmente entendidas.

¿Qué es una emoción? Si observamos, vemos que la segunda parte de la palabra es "moción", movimiento. Cuando usamos la palabra 'emoción' significa movimiento de nuestro ser sutil, psíquico. El yo intelectual está en la cabeza, el yo psíquico está en el corazón. Sobre este tema las tradiciones sostienen que el alma reside en el centro del corazón. No debemos interpretar esto literalmente, que el alma resida literalmente en el centro del corazón, pero debemos tratar de entender que aquí el alma significa la naturaleza psíquica, la naturaleza espiritual, y que la experiencia y la expresión del espíritu suceden a través del corazón. Es por esto por lo que en el pasado todas las tradiciones han enfatizado la necesidad de nutrir, desarrollar y expandir los sentimientos de amor y compasión y todas las cualidades positivas que emanan del corazón.

Armonizar las naturalezas burda y sutil
Por lo tanto, la emoción es el movimiento, el dinamismo de la personalidad psíquica sutil. Esta emoción no es lo que experimentamos en forma de ira, pasión o frustración; tampoco es lo que experimentamos en forma de amor o compasión. Más bien, representa un estado de armonía entre la naturaleza burda y la naturaleza sutil, esa es la emoción real. Lo que expresamos en nuestra vida es solo una reacción de lo que tiene lugar entre nuestros sentimientos y su asociación con la mente. Por ejemplo, ¿por qué se enojan? Por una asociación entre la energía del corazón y la actual experiencia de la mente; esto es lo que desencadena la reacción. Los celos actúan como un detonante similar. La ira, la violencia, el crimen, la compasión, la ecuanimidad, la serenidad son todas expresiones de un proceso interactivo que tiene lugar entre la cabeza y el corazón. Sin embargo, podemos usar estas expresiones para avanzar hacia un estado de equilibrio dentro de nosotros mismos, observando, analizando y entendiendo cuando nos estamos desviando. Incluso, erradicar la ira o descubrir la compasión y el amor, no son las respuestas para encontrar este equilibrio o armonía entre la naturaleza manifiesta burda y la naturaleza psíquica sutil que permanece latente.

Los seres humanos son extrovertidos por naturaleza, y se identifican con los sentidos y el entorno exterior. Hemos estado mirando tanto hacia afuera que hemos olvidado mirar hacia adentro. Hemos perdido el contacto, hemos perdido la conciencia, la cualidad de la observación que nos puede ayudar a encontrar la ecuanimidad entre el ser burdo y el ser sutil. Por lo tanto, nuestra experiencia de la interacción entre el corazón y la cabeza es siempre solo una reacción. Reaccionamos creyendo que la reacción es una expresión de nuestra emoción, pero el yoga dice que no es así. El término yóguico para las emociones es bhavana, que es diferente de kamana, pasión y vasana, obsesión mental. Aquí estamos hablando de bhavana, en donde hay armonía entre la cabeza y el corazón. Para despertar bhavana, la emoción real, la primera condición es dejar de reaccionar. Cuando reaccionamos, la inteligencia se nubla; La habilidad de discernir, viveka, ya no existe, y se pierde la paz personal. Incluso en el amor hay una expresión mental condicionada, porque en el amor siempre hay una expectativa, siempre una pasión y un deseo, y estas, también son reacciones.

Es por esto por lo que el yoga dice: “deja de reaccionar. Pero este dejar de reaccionar no significa aislarse de lo que sucede al alrededor. El yoga también dice: “comprométete“. Esto significa mantenerse comprometido, pero sin reaccionar; es una participación que fluye, por lo que no se experimenta lucha; el fluir es pasivo y el luchar es reacción. Esta es la etapa a la que debemos llegar para experimentar la armonía entre la naturaleza burda y la sutil.

Sadhana: regularidad, continuidad y convicción.
El concepto de sadhana se debe entender desde la perspectiva correcta. Nuestra mente es como un mono. Pero más aún, imaginen un mono que no se puede quedar quieto, y si este mono se emborrachara, ¿qué pasaría? Y, si a ese mono borracho lo picara un escorpión, ¿entonces qué sucedería? Nuestra mente es como un mono borracho picado por un escorpión. La mente no es solo como un mono, estamos intoxicados por nuestras pasiones, nuestros deseos, nuestras expectativas, nuestros gustos y aversiones. Hemos sido picados por los escorpiones de la vida que condicionan nuestra naturaleza para identificarnos con determinada dimensión de la realidad. Experimentamos solo eso, e ignoramos esas otras dimensiones más sutiles con las que no podemos identificarnos lógica o conscientemente. Por esto, nuestro punto de vista se vuelve muy estrecho. Con ese punto de vista estrecho, comenzamos a creer que hemos expandido la percepción, que hemos expandido nuestra consciencia, que hemos alcanzado la libertad. Esto en realidad es un autoengaño. 

Para superar este autoengaño, es donde entra la sadhana: la práctica de la meditación. La sadhana se debe entender correctamente. Me he encontrado con miles de personas que dicen: "He estado practicando meditación durante los últimos años, pero aún siento que no he progresado, no he evolucionado y todavía estoy en el mismo lugar". Yo les pregunto:  “¿Eres constante con tu meditación?” Algunos dicen que sí, otros dicen que no. Luego les pregunto: “¿Sigues un tipo de meditación hasta el final o no?” A esto responden: “no”. Un día hacen una práctica porque se siente bien para ese día; otro día hacen otra cosa porque eso es lo apropiado para ese día. Esta es la naturaleza coqueta de la mente. 

En los Yoga Sutras de Patanjali hay un Sutra que enfatiza el hecho de que la sadhana tiene que ser constante, continua y que se debe tener fe en el proceso; estos son los tres puntos: regularidad, constancia y el componente de la fe. En los Yoga Sutras, encontramos también que hay etapas muy claras: pratyahara, dharana y dhyana. Cada etapa y cada práctica tienen un propósito. 

En pratyahara, por ejemplo, tomemos antar mouna, la observación de los pensamientos. Deben completar el proceso y llegar al punto en el que puedan controlar los pensamientos antes de pasar a la siguiente etapa. Deben poder canalizar sus pensamientos, guiarlos, dirigirlos y expresarlos antes de pasar de antar mouna a otra práctica. Si, cuando intentan conocer una práctica, solo la hacen durante una semana, y como les parece excitante, la cambian a otra práctica. Intentan esta otra durante otra semana y luego sienten que esa no es apropiada para su naturaleza y ensayan otra, simplemente están rozando la superficie y no sumergiéndose profundamente en el océano de la conciencia. 

A pesar de todas las pautas e instrucciones, las técnicas y las prácticas, es aquí en donde fallamos. Somos incapaces de entender el propósito de cada práctica de yoga. Comparamos todo de acuerdo con nuestra naturaleza condicionada: esto es lo que necesito, esto es lo que quiero. Pero ¿cómo puede esta mente, esta mente no trascendente, saber lo que se requiere para experimentar algo que es trascendente? ¿Cómo puede un niño, que está aprendiendo a leer y escribir, entender los conceptos de la física nuclear? En lo que concierne a nuestra vida espiritual y al yoga, estamos en el estado de niñez. Sin duda nos inspiran conceptos, ideas y teorías, bien sea de los chakras, o la kundalini, o las kriyas, o la conciencia, o el prana, o la vitalidad, o los koshas, esto o aquello. Tenemos que estar inspirados, tenemos que estar motivados, pero nuestro enfoque debe comenzar con los pasos más básicos.

Alineación de la cabeza y el corazón
En esta era de los supermercados, el yoga no puede ser un producto que se encuentra en el supermercado. Debe ser un producto que cultivamos en el campo de nuestra vida, de acuerdo con nuestra capacidad. Esta emoción, o bhavana, es definitivamente un proceso que nos puede llevar a descubrir la armonía de todas las cualidades humanas. Una vez que hay alineación entre la cabeza y el corazón, la expresión se vuelve diferente. Cuando no hay alineación, no hay armonía entre la cabeza y el corazón, nuestras acciones no tienen un objetivo. Entonces, lo que dicen las tradiciones yóguicas es que debemos adherirnos a un camino e ir hasta el final de ese camino. Cuando lleguemos al final de ese camino, veremos un cruce de caminos, quizá una señal, y entonces podremos tomar otro camino. 

Las verdaderas tradiciones yóguicas son muy firmes en esta creencia: que no hay forma de evitar o saltarse los instintos básicos que constituyen la naturaleza básica de la vida. Hay que atravesarlos, despertarlos, experimentarlos, canalizarlos y armonizarlos. Hay que hacer todas las cosas que sean necesarias. Esta comprensión de la sadhana es muy importante: regularidad, continuidad y convicción. 

Es por esto por lo que debemos ser constantes, tener una convicción interna, la fuerza interior que sabe que detrás de cada nube oscura hay un sol brillante. Trabajemos en esto, antes de entregarnos a conceptos que están fuera de nuestro alcance. Entendamos en qué nivel estamos actualmente y no tengamos en cuenta los años que llevamos en él. Así podremos estar abiertos a la receptividad, la claridad y la comprensión de nuestra mente y de nuestra naturaleza. Esto es lo más importante.

Swami Niranjanananda Saraswati
Wales, Junio 10, 2000
http://www.yogamag.nUsteet/archives/2002/cmay02/balemo.shtml

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